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Si algo ha conseguido esta pandemia que estamos viviendo desde finales de 2019 es sacarnos a todos de nuestra zona de confort.

En estos dos últimos años hemos cambiado nuestra forma de relacionarnos, nuestra forma de trabajar, de estudiar, de viajar, la forma en la que recibimos atención médica…y así podríamos enumerar un sinfín de cambios que hemos ido integrando poco a poco a lo largo de estos meses. Sin duda, la alimentación debería ser uno de estos cambios, ya que gracias a ella podemos fortalecer el sistema inmunológico, tal y como se ha demostrado en los últimos estudios.

La ciencia, como no podría ser de otra forma, ha tenido también que salir de su zona de confort, y acelerar los estudios sobre un virus que nadie sabía cómo tratar. No sólo se han puesto en circulación varias vacunas en un tiempo nunca antes visto, sino que estamos asistiendo ahora ya al lanzamiento de los primeros fármacos que tratarán el virus en sí.

Como parte de todas las investigaciones que se han llevado a cabo con intención de encontrar soluciones a este problema mundial de salud, los investigadores han puesto el foco también en la alimentación. Esto ha sido consecuencia de observar en los hospitales como aquellos pacientes que llegaban en un mejor estado de salud, sin otras patologías, y con un estado nutricional adecuado tenían menos probabilidades de desarrollar la enfermedad en su forma más grave, menos probabilidades de pasar por UCI y una estancia hospitalaria más corta, así como una mejor recuperación.

En contraposición, aquellos que llegaban con sobrepeso, deficiencias de algunas vitaminas y minerales y/o con patologías claramente relacionas con la alimentación, como diabetes, hipertensión, altos niveles de colesterol, etc., tenían peor pronóstico, incluyendo más alta tasa de ingreso en UCI, más mortalidad y peor recuperación una vez superada la enfermedad.

A la luz de estas investigaciones sobre la importancia de determinados nutrientes en nuestra salud, se han publicado numeroso estudios en los que se pone en valor el papel de dichos nutrientes para nuestro sistema inmunológico. Te damos las claves para fortalecer tu sistema inmunológico a través de la alimentación.

¿Cuáles son, a la luz de dichas investigaciones, los nutrientes que más relevantes han resultado en la lucha contra la Covid19?

Una función inmunitaria adecuada depende de la ingesta de múltiples nutrientes con funciones inmunomoduladoras y la deficiencia conduce a un deterioro de la inmunidad.

La evidencia muestra que la deficiencia de micronutrientes se encuentra entre los posibles mecanismos involucrados en la propagación y la gravedad de la COVID-19. Además, los factores de riesgo relacionados con la enfermedad grave por COVID-19, como la edad avanzada, la diabetes mellitus y las enfermedades cardiovasculares, también están asociados con la deficiencia de algunos micronutrientes.

Los estudios científicos llevados a cabo han mostrado las deficiencias de vitamina D, vitamina C y zinc, como las más significativamente asociadas con un mayor riesgo de infección por COVID-19 y complicaciones graves de la enfermedad y mortalidad.

En dichos estudios se ha observado el impacto inmunomodulador de estos nutrientes, así como su papel potencial en la reducción del riesgo y la gravedad de la infección por COVID-19. Estos nutrientes apoyan tanto la inmunidad innata como la adaptativa mejorando las barreras físicas, la actividad de la proteína antimicrobiana, la recuperación de la inflamación, la producción de anticuerpos y la generación de células de memoria inmunológica. ¿Quieres saber cómo fortalecer tu sistema inmunológico gracias a la alimentación? Sigue leyendo…

¿Dónde encontramos estos nutrientes?

Veamos pues cuáles son las mejores fuentes alimentarias para aprovisionar nuestro organismo y potenciar nuestro sistema inmunológico.

Vitamina D:
Es una vitamina liposoble, o sea, que se encuentra en las partes grasas de los alimentos. Esto ya nos da una pista de en qué alimentos la encontraremos. Los alimentos más altos en vitamina D son los pescados (especialmente los azules), el marisco, los huevos y la mantequilla. Pero atención: esto sólo nos proporcionará los precursores de dicha vitamina. Para que se produzca la transformación debemos exponer nuestra piel al sol, fuera siempre de las horas centrales del día para evitar una sobreexposición y sus dañinos efectos sobre nuestra piel. Te dejamos aquí este post sobre todo lo que no sabías sobre la vitamina D.

Zinc:
Es un importante mineral que además de potenciar nuestro sistema inmunológico, previniendo infecciones causadas por virus y bacterias, el zinc interviene en otra funciones muy importantes para el organismo, como en la salud del cabello y de las uñas, la mejora del olfato y el gusto, la síntesis de ADN o el correcto funcionamiento de nuestros aparatos reproductores. Los principales alimentos con zinc son: ostras, moluscos en general y almejas en particular, pipas de calabaza, carne de ave, frutos secos, en especial avellanas y almendras y copos de avena.

Vitamina C:
Además de fortalecer nuestro sistema inmunológico, tiene un papel importante en la síntesis de colágeno en tejidos conectivos y como antioxidante. La vitamina C también puede funcionar como un agente antihistamínico débil para aliviar los síntomas similares a la gripe, como estornudos, sinusitis, o goteo nasal. La encontramos, sobre todo en:
– frutas cítricas: naranjas, mandarinas, limones, pomelos y kiwis.
– pimientos rojos y verdes, brócoli.
– otras frutas: fresas, melón, tomates.

Hay, por supuesto, otros nutrientes implicados en el funcionamiento de nuestro sistema inmunológico y también la comunidad científica está estudiando su eficacia en la lucha de las infecciones.

Estos que hemos descrito son aquellos de las que ya se dispone evidencia científica sobre sus efectos y están siendo incluidos en los tratamientos y recomendadas por los especialistas. Nuestro organismo es perfectamente capaz de extraer los nutrientes que necesita de los alimentos que ingerimos cada día.

Por tanto, no es necesario, a menos que un médico o un nutricionista detecte la deficiencia de alguno de estos nutrientes, la utilización de suplementos. Lo más sensato es incluirlos de forma regular en nuestra alimentación diaria, para evitar una deficiencia que pueda comprometer nuestro sistema inmunitario.

 

Pilar Esquer
Dietista - Nutricionista

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