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¿Has escuchado esto alguna vez? Para aquellos padres que hayan indagado bastante en la alimentación infantil, quizá les suene familiar. Pero si no, es posible que no te suene de nada. Hoy en este post te hablamos sobre el “Síndrome del plato vacío” y sus consecuencias en la alimentación y en la salud de la familia.

Podríamos hacer un post infinito con frases que nos dijeron nuestros padres y abuelos por activa y por pasiva, frases que nosotros mismos repetimos a nuestros hijos, como si de algo genético se tratara: “no te puedes levantar de la mesa hasta que no quede nada en el plato”, “si no te lo comes ahora, lo tendrás para cenar”… Y así mil frases más. Pero… ¿es esto algo que debamos decir a nuestros hijos e hijas? La respuesta, definitivamente, es no.

CON LA COMIDA NO SE NEGOCIA

En primer lugar, debemos remarcar que la comida no debería ser algo con lo que negociar o premiar a los infantes. Seguro que también os suena eso de “tres cucharadas más y terminamos”. ¿Por qué? Pues muy sencillo, en primer lugar, porque los niños conocen mejor que nadie el hambre que tienen. Si hoy deciden comer un poco menos no es algo que deba preocuparnos. ¿O acaso nosotros mismos tenemos siempre la misma hambre y comemos exactamente las mismas cantidades? En segundo lugar, porque si ellos aprenden que siempre van a tener que comer tres cucharadas más, en las siguientes comidas comerán menos, porque sabrán que igualmente se van a tener que comer esas tres cucharadas extra. El síndrome del plato vacío es algo que tenemos muy arraigado, dejemos de transmitir esta mala costumbre a las siguientes generaciones.

niño forzado a comer - síndrome del plato vacío - alimentación saludable - intur restauración colectiva

Igualmente con los premios. “Si te comes toda la verdura, te daré un trozo de chocolate de postre”. Les estamos diciendo, claramente, que es mucho más apetecible el chocolate que las verduras, creando en ellos, de forma inconsciente, una relación negativa hacia ciertas comidas.

NO ES OBLIGATORIO TERMINAR TODO LO QUE HAY EN EL PLATO

Como decíamos, no siempre se tiene la misma hambre. Y si un adulto nos dice “hoy no tengo hambre, creo que me voy a tomar una infusión en vez de cenar”, nosotros no lo obligamos a cenar y comer primero, segundo y postre. Pues deberíamos hacer igual con los más pequeños. Respetar su apetito es clave para evitar situaciones de conflicto en casa a la hora de comer.

¿Sabías que comer de más, está relacionado con la obesidad infantil y adulta? Por eso es tan importante respetar las cantidades que el niño desea. Porque nosotros no estamos dentro de su estómago para saber si ha comido poco, mucho o demasiado. El plato no debería ser el indicador de si alguien ha comido bien o no. Sino su libertad a la hora de decidir hasta dónde llega.

Si nosotros nos servimos en nuestro plato en función de lo que creemos que vamos a comer, ¿Por qué no dejar que ellos elijan también la cantidad que desean? La autorregulación es algo que tenemos desde que nacemos. Los bebés lloran cuando tienen hambre, los de edad más avanzada quizá lloriqueen, y nosotros, cuando nos rugen las tripas, hacemos una visita a la nevera. Esta función de nuestro cuerpo nos permite saber cuándo tenemos hambre, cuándo estamos saciados, cuándo tenemos sed… ¿Por qué dar la espalda a lo que nos dicta el cuerpo y dejarnos llevar por lo que marca el plato?

EL SÍNDROME DEL PLATO VACÍO

Estamos seguros de que alguna vez en vuestras vidas, vosotros mismos habéis vivido la situación de no tener más hambre pero no querer dejar nada en el plato por no querer parecer un mal educado o que no nos ha gustado lo que nos han preparado con cariño.
Recordad esa sensación de pesadez e hinchazón, incluso malestar, por haber terminado ese plato, sólo por educación. Haber dejado ese plato vacío nos ha hecho “quedar bien” en público, pero sentirnos mal por dentro.

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Pues imaginad que fuera así en cada comida o en cada cena. ¡Qué suplicio!

Pues esto es lo que, sin querer y de forma inconsciente, generamos en nuestros hijos a la hora de comer. Son muchos los padres que acuden a la consulta del pediatra y hablan del mal rato que pasan todos los días en las comidas. “Es ver la cuchara y se pone a llorar”, “le digo que hay que sentarse a la mesa y se va corriendo” …  ¿Qué no habrán pasado esos niños para que, un momento que puede ser divertido y delicioso, se convierta en un horror para ellos? Pues, entre otras razones, el haber sido forzados a comer cuando no querían.

¿Y si probamos a hacerlo al revés? Servir poco, y si terminan lo que tienen en el plato, ofrecerles más. Puede ser una forma de evitar que un plato atiborrado se les haga cuesta arriba, les anime a probar un poco de aquello, otro poco de lo otro… Y hacer que su alimentación sea equilibrada y su relación con la comida, positiva.

El síndrome del plato vacío es algo que tenemos arraigado los adultos, por ello es importante que seamos conscientes de ello y nos reeduquemos. El primer paso es analizar qué relación tenemos nosotros mismos con la comida y concienciarnos de los cambios que debemos llevar a cabo para alimentarnos de forma saludable. Os recomendamos esta lectura relacionada, de la Academia Americana de Pediatras.

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¿ES OBLIGATORIO COMER DE TODO?

Pues no. Al igual que cada niño tiene una personalidad, también tiene sus gustos. Y eso es bueno, es parte de su forma de ser, ¿por qué vamos a anularlo? Es bueno que ellos, desde pequeños, vayan tomando sus propias decisiones y vayan teniendo preferencias. Así, el día de mañana, serán niños que sean autónomos, decididos, capaz de elegir lo que quieren hacer y desde luego, de tomar buenas decisiones.

El síndrome del plato vacío reaparece también en situaciones de comidas fuera de casa, donde, aunque no nos apetezca terminar algo, nos forzamos a dejar los platos vacíos antes de que se los lleve el camarero. «La de la vergüenza», «Esto no lo vamos a dejar aquí, sólo queda uno, quién se lo come?»… Seguro que te suena. Reeduquemos nuestra actitud ante ciertas situaciones, no forcemos a nadie a comer algo que no desea ni nos forcemos a nosotros mismos. La próxima vez, pedid menos platos y si os quedáis con hambre, añadid alguno más. Así se va sobre seguro y evitamos comer de más por pura «obligación social».

Volvamos a ponernos nosotros en su lugar. Si vamos a un restaurante, pedimos lo que nos gusta, ¿verdad?. No le decimos al camarero “ponme las berenjenas, que no me gustan nada, pero tengo que comer de todo”. ¿A que a nadie se le ocurre? Pues lo mismo le pasa a los peques, que ellos también tienen sus platos y alimentos favoritos.

Si los peques de la casa tienen a su alcance todos los alimentos (siguiendo el ejemplo del Plato de Harvard del que os hablamos aquí), ellos comerán en función de sus gustos. Unos días comerán más verdura, otros más proteína y otros más cereales integrales. Y eso no es señal de que no coman bien, ¡ni mucho menos! Sino de que es una personita que desde peque tiene la opción de elegir, y decide qué es lo que prefiere. No obstante, no nos olvidemos que esta etapa de la vida los debemos acompañar y orientar en las buenas decisiones, indicando los pros y contras que nos podemos encontrar en función de la opción escogida. Esto llevado al ámbito nutricional requiere que como padres de nuestros peques debemos hablarles de los beneficios de una alimentación sana y variada, con el fin de asegurarnos que en su elección diaria prime la parte saludable: cereales integrales, frutas, verduras …comer delante de la tele - síndrome del plato vacío - alimentación saludable - intur restauración colectiva

Dejemos atrás aquello de hacer el avión, ponerles la Tablet o la televisión para distraerlos, darles juguetes, etc., mientras comen. Comer debería ser un momento de disfrute, en el que somos conscientes de lo que comemos y cuánto comemos. Son muchos los psicólogos que refuerzan la idea de que comer todos juntos en familia hace que estos ratos sean agradables para todos, un lugar donde compartir cómo nos sentimos y cómo ha ido nuestro día. Porque comer no es sólo alimentar el estómago, sino alimentar todas las partes de nuestro cuerpo, incluida la parte emocional.

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